13 de noviembre 2014: día internacional del cáncer de páncreas. ¡Necesidad de investigar más!

WPCD

El cáncer de páncreas en España

Aproximadamente 7 personas de cada 100.000 fallecen por cáncer de páncreas anualmente en España (más de 3.000 personas al año). Su incidencia ha aumentado en más de un 160% en las últimas 3 décadas.

Entre los cánceres que afectan al ser humano, el de páncreas es uno de los que se asocia a una menor supervivencia. El mal pronóstico de este tumor se explica porque en un 80% de los casos se diagnostica en una fase avanzada al haberse extendido a otros órganos o afectar a arterias cercanas al páncreas. Así solo 2 de cada 10 pacientes pueden someterse a cirugía, único tratamiento que ofrece la posibilidad de curación. Este tumor además es muy agresivo de forma que tiende a reproducirse de nuevo en el 90% de los pacientes operados.

Necesidad de avances en investigación

Los avances en la prevención y en el tratamiento médico y quirúrgico del cáncer se han traducido en una disminución de la mortalidad de la mayor parte de tumores en los países occidentales. Sin embargo no es el caso del cáncer de páncreas, que es el único tumor maligno cuya mortalidad ha aumentado en los últimos años en ambos sexos. En este escenario de un tumor agresivo, con una mortalidad en aumento y ante el cual no disponemos de armas terapéuticas efectivas debería haber una dotación de fondos públicos para investigar posibles tratamientos. Desgraciadamente en los últimos años ha habido un fuerte recorte en la emisión de becas de investigación, y muchas líneas prometedoras en cáncer de páncreas están en riesgo de paralizarse. Esto no solo pasa en nuestro país: globalmente menos de un 2% de las becas de investigación se destinan al cáncer de páncreas. En España hay investigadores básicos y clínicos de prestigio internacional, con publicaciones científicas de alto nivel en esta enfermedad con grandes dificultades para mantener sus líneas de investigación. Avances en la prevención y tratamiento del cáncer de páncreas podrían traducirse en una mejoría de la calidad de vida y supervivencia de estos pacientes.

Día mundial del cáncer de páncreas

El 13 de noviembre de 2014 es el primer día internacional del cáncer de páncreas. La iniciativa parte de un grupo internacional de asociaciones de pacientes. Su objetivo es la concienciación del problema y la promoción de la investigación que mejore el pronóstico de los pacientes afectados por esta enfermedad.

Iniciativas en la provincia de Alicante: carrera solidaria por la investigación en cáncer de páncreas

El Club Español Pancreático, asociación de científicos que estudian las enfermedades del páncreas, está promoviendo junto a los Ayuntamientos de Muchamiel y San Juan de Alicante una carrera solidaria para recaudar fondos para la convocatoria de becas de investigación en cáncer de páncreas. El objetivo es implicar directamente a la Sociedad en la promoción de la investigación en este grave problema de salud. La carrera se celebrará el 11 de enero de 2015. El recorrido parte del polideportivo de Muchamiel y recorre las calles de Muchamiel y San Juan. Se podrá elegir entre dos recorridos, 5 y 10 km. Los beneficios obtenidos se utilizarán para la creación de una a dos becas de investigación a nivel nacional centradas en el estudio del cáncer de páncreas. Podrá optar a la beca cualquier investigador español, mediante la presentación de un proyecto. Se formará un jurado independiente que evaluará los proyectos de forma objetiva. Las becas se adjudicarán en el congreso nacional del Club Español Pancreático que se celebrará en Junio de 2015 en Toledo. Todo el proceso será publicado en la web del evento: el dinero recaudado, el proyecto o proyectos adjudicados y los resultados del estudio de investigación así como el destino de los fondos de la beca en detalle. La inscripción se puede realizar en la página web del evento.

Probióticos y prebióticos, ¿qué son y qué beneficios aportan al aparato digestivo?

bacterias

El cuerpo humano hospeda a incontables microorganismos, sobre todo en el intestino. Muchas especies de microbios intestinales son beneficiosas para salud, mientras que otras pueden ser causa de enfermedad.

Podemos alterar la flora intestinal básicamente de tres maneras: tomando antibióticos, probióticos o prebióticos.

Los probióticos son microorganismos beneficiosos para el ser humano; incluye especies de bacterias y de levaduras. Parece lógico pensar que el uso de probióticos mejore enfermedades del aparato digestivo en las que la flora intestinal esté alterada. Sin embargo la evidencia científica que apoye su uso es escasa. Los estudios realizados en enfermedades como colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn, diarrea por antibióticos, estreñimiento (publicitado mucho en anuncios de preparados lácteos con bífidus), síndrome de intestino irritable, etc no muestran una eficacia clara de los probióticos. Son necesarios estudios de más pacientes y mejor diseñados para aclarar el papel de estos tratamientos. Una forma de administrar probióticos es el trasplante fecal: administrar heces de donantes por una sonda a intestino delgado o por enemas a intestino grueso. Este tipo de tratamiento sí se ha demostrado útil en la diarrea por Clostridium Difficile, una colitis aguda producida por este microorganismo, que crece sin control cuando se altera la flora normal.

Los prebióticos son nutrientes no digeribles (generalmente carbohidratos) que estimulan el crecimiento de una o de un número limitado de especies bacterianas beneficiosas. Incluye sustancias como la inulina, fructo-oligo-sacáridos, galacto-óligo-sacáridos y lactulosa. Además de estimular ciertas bacterias (sobre todo bifidobacterias), su fermentación parece tener efectos beneficiosos para el sistema inmune de forma directa. Sin embargo hay muy pocos estudios sobre el uso terapéutico de prebióticos en enfermedades digestivas.

A día de hoy hay mucho ruido y pocas nueces, mucho interés comercial en este tipo de productos sin grandes estudios clarificadores que lo apoyen. El concepto de consumir flora intestinal buena es atractivo, pero su capacidad de mejorar los trastornos digestivos no está ni mucho menos demostrado.

Homeopatía ¿ciencia o creencia?

Antes de analizar el tema de la homeopatía hablemos de qué es un tratamiento efectivo: no vale el “a mí me funciona”, es aquel que tiene mejores resultados que el placebo para una enfermedad o síntoma determinados. Un placebo significa dar un tratamiento falso, sin efecto, pero que el paciente cree que es real. Como comentamos en un post previo cualquier tratamiento que se administra, aunque sea placebo (por ejemplo una cápsula rellena de agua) produce una mejoría en una proporción importante de pacientes si éstos creen en su eficacia. Si tenemos dolor de cabeza y un amigo nos da una pastilla, nos dice que es ibuprofeno y en realidad es un pictolín, muchos de nosotros experimentaremos alivio.

Existe una corriente de pensamiento muy extendida que contrapone la medicina occidental actual con medicinas alternativas. Identifican la primera con intereses farmacéuticos (que en ocasiones existen), teorías de la conspiración y a efectos secundarios tardíos. Las medicinas alternativas se viven como grandes verdades marginadas por el sistema. Y dentro de ellas está la homeopatía. La traducción de homeopatía para mucha gente es: “medicina alterativa, científica, marginada por el sistema pero efectiva y sin efectos secundarios”.

La homeopatía la inventa el químico y médico alemán Christian Friedrich Samuel Hahnemann, en el siglo XVIII. La homeopatía se basa en el principio de que “lo similar se cura con lo similar” es decir que aquello que produce síntomas similares a una enfermedad cura esa enfermedad. ¿Cómo elaboró esa teoría? En aquella época se afirmaba que la corteza de cierto árbol peruano protegía de la malaria. Hahnemann experimentó en sí mismo y vio que ese producto producía síntomas similares a la malaria. Curiosamente en realidad lo que tiene esa corteza del árbol peruano es quinina, una sustancia usada en medicina actual contra la malaria. Es decir, nada tiene que ver los síntomas que produce sino el compuesto farmacológicamente activo que contiene. Probablemente lo que experimentó Hahnemann fue una sobredosis de quinina.

Tras ese primer paso, Hahnemann decidió quitar los efectos tóxicos de las sustancias curativas que simulaban los síntomas de las enfermedades que trataban. Para ello creó un método para diluirlas de forma que en realidad el paciente solo recibe una muy pequeña dosis del compuesto.

En resumen, la homeopatía se basa en dar dosis increíblemente pequeñas de compuestos que dan síntomas parecidos a las enfermedades que tratan de curar, y se basa en una experiencia de Hahnemann que parte de un error: la quinina curaba la malaria, no el hecho de tener esos síntomas.

Se ha creado todo un cuerpo doctrinal actual y pseudocientífico sobre la homeopatía, que sustenta un negocio importante. Y llega la pregunta clave: ¿la homeopatía cura más que el placebo? Insisto, no sirve el “a mí me funciona” ya que el efecto placebo funciona, hay que comparar homeopatía contra placebo.  Pues bien los análisis de estudios de homeopatía bien diseñados no han conseguido demostrar que este remedio sea mejor que el placebo. Tampoco los ensayos realizados por investigadores independientes. Solo aquellos estudios que incluyeron pocos pacientes, realizados por investigadores con intereses comerciales, y con riesgo alto de errores han mostrado una pequeña eficacia. A día de hoy la homeopatía es más una creencia que una ciencia.

¿A cómo está la resonancia?

Hemos pasado del primo de Zumosol de los años de bonanza, fuerte, bien nutrido y con una cartera de servicios sanitarios infinita, a la prima de riesgo y al tijeretazo. El gasto sanitario está en el ojo del huracán ya que supone un buen bocado al erario público.

En el Medievo todo era más barato: con un par de sangrías y unas infusiones de hierbas el médico se sentía satisfecho (aunque el paciente estaba sentenciado). El desarrollo farmacéutico y tecnológico ha creado medios para el diagnóstico y tratamiento que son tan efectivos como caros. Pero al fin y al cabo no tenemos una idea clara de a cómo está la resonancia, la radiografía o un día de ingreso hospitalario.

En el DOGV a lo largo de los últimos años se ha ido publicando los precios oficiales de procesos y pruebas.

Para hacerse una idea de las pruebas:

Radiografía de tórax: 24,56 euros

Resonancia cerebral: 179,73 euros

Colonoscopia sin sedación: 138,62 euros. Con sedación: 166,07 euros.

Ecografía abdominal: 64,04 euros

TAC abdominal: 157,92 euros

 

Y para hacerse una idea del coste de una operación o episodio de ingreso:

Día de estancia hospitalaria no quirúrgica: 267,71 euros

Día de estancia hospitalaria con intervención quirúrgica: 488,25 euros

Quitar las amígdalas en un niño: 2515,86 euros

Quitar el apéndice (si no hay complicaciones): 2923,47 euros

Operación de un tumor de páncreas (si no hay complicaciones): 8843,91 euros

Parto sin complicaciones: 1674,79 euros

 

En resumen: la medicina tiene un alto coste, que se dispara en el caso de ingreso hospitalario, particularmente si se realiza una intervención quirúrgica.

¿Son todos los medicamentos que nos mandan los médicos realmente efectivos?

Tenemos un buen catarro y vamos al médico. Éste descarta que se trate de una neumonía y nos receta un mucolítico: acetilcisteína . Se ha comprobado in vitro que la acetilcisteína disuelve el moco de forma eficaz, y además se puede consumir por vía oral, por lo que teóricamente es perfecto. Además ¿quién no ha tomado en algún momento un sobre de esto? Nos vamos contentos con nuestro remedio, lo consumimos con una mezcla de fe y voracidad y a los pocos días mejoramos. En esto que llegan los recortes porque un grupo de oscuros especuladores juegan con la prima de riesgo desde la tranquilidad de sus despachos y el gobierno pierde liquidez. Se elimina la financiación del mucolítico porque su eficacia real no está claramente contrastada. Ahora el médico simplemente nos da paracetamol para la fiebre.

Planteemos una cuestión: ¿se ha comprobado la eficacia de todos los fármacos que consumimos? La respuesta clara y contundente es que no es así: existen serias dudas sobre la eficacia de algunas de las medicinas que tomamos, y el perfecto ejemplo son los mucolíticos en el tratamiento de problemas respiratorios. Por ejemplo, no hay estudios que investiguen si los mucolíticos mejoran el catarro. Tampoco esté claro que mejoren el pronóstico de pacientes con problemas respiratorios crónicos. Son los fármacos-mito, usados en la medicina “científica”, pagados con dinero público o privado, y cuya eficacia no está demostrada. Los fármacos que se usan en las varices (troxerutina, pentoxifilina), algunos vasodilatadores de la circulación cerebral usados en demencias, mucolíticos, algunos fármacos para el dolor abdominal… Su eficacia es más que dudosa pero se usan de forma habitual.

Todo remedio tiene un efecto placebo, fruto de la fe que tengamos en él. Pongamos por ejemplo el catarro. La mayoría de los catarros duran unos pocos días. Llegamos al médico en el momento que peor estamos, recibimos el mucolítico y en poco tiempo hay una mejoría. La atribuimos al mucolítico, pero … ¿y si es una mezcla del efecto placebo y de la natural tendencia del catarro a mejorar de forma espontánea?

Como comentamos en un post previo la mejor forma de demostrar la utilidad de un fármaco es el ensayo clínico: comparar el resultado del medicamento con pacientes que no lo reciben, y si ni el paciente ni el médico que lo evalúa saben quien está recibiendo el medicamento y quien no, mejor.

¿Cuál es el problema entonces?¿Por qué no hay ensayos clínicos de todos los medicamentos que aclaren la situación? En primer lugar realizar un ensayo clínico frente a placebo es muy costoso. Hay que diseñar el estudio, pedir permisos oficiales (tienen una regulación muy estricta), conseguir financiación, si es posible que no provenga de la empresa farmacéutica que lo vende para que el estudio sea neutral, y por último conseguir reclutar los suficientes pacientes como para poder analizar los resultados. ¡Esto supone el trabajo de uno, dos o tres años al menos! Y ese trabajo en general se suma a la carga de trabajo habitual. Muchas veces un solo hospital no atiende al suficiente número de personas como para ver los suficientes pacientes para demostrar algo, y coordinar hospitales diferentes en un ensayo es una tarea monumental.

Otras veces hay ensayos clínicos que no muestran una clara ventaja pero hay razones culturales para usarlo: es un problema del propio médico que receta o una exigencia del paciente. Hay problemas molestos que no tienen una buena solución, como los problemas de circulación venosa de las piernas y si hay un fármaco que produce una dudosa mejoría pero no tiene efectos secundarios ¿por qué no darlo al paciente, que se siente tratado de su molestia, disfruta del placebo y se da un tiempo a ver si mejora? No hay nada más frustrante para un paciente que ir al médico y que éste no le de algún tipo de remedio específico. Por último está la presión de las empresas farmacéuticas para que se usen sus fármacos.

En resumen, a pesar de que tenemos herramientas teóricas para saber si un fármaco es realmente efectivo, es difícil en muchas ocasiones realizar estudios que lo demuestren o dejar de darlo en la vida real. Así perviven medicinas poco o nada efectivas en la medicina científica.

¿Por qué la heroína se llama así?

La heroína es una droga que ha destrozado la vida y la salud de incontables personas: marginalidad, enfermedades infecciosas como el SIDA o la hepatitis, sobredosis… ¿Por qué tiene un nombre tan glorioso y positivo?

Finales del siglo XIX: la morfina es un fármaco muy valioso. Es un potente analgésico y es eficaz para tratar la tos. En un mundo que carece de un remedio eficaz contra la tuberculosis, la tos puede ser un síntoma muy limitante. Pero la morfina es adictiva, creando legiones de morfinómanos. Imaginaos el potencial tanto científico como comercial de un medicamento con los efectos beneficiosos de la morfina pero que no fuese adictivo. Eso busca un químico alemán, Felix Hoffmann que trabaja para el laboratorio Bayer, y recupera para este fin una molécula descubierta en 1874 por un químico Inglés (C.R. Alder Wright), la diacetil-morfina. Wright solo llegó a probarla en animales, sin llegar a comerciarla. Hoffman la desarrolla y experimenta en humanos. Bayer creyó tener la panacea para la tuberculosis, un remedio analgésico y la cura contra la adicción a la morfina, sin ser en sí misma adictiva (pifia monumental). En este contexto se llamó al fármaco heroína. No hay documentos que demuestren a ciencia cierta por qué se le puso ese nombre, pero se cree que fue debido a que los pacientes tratados con ella se sentían eufóricos, unos héroes. Otra posibilidad es que fuera simplemente un nombre con fines comerciales.

Bayer comerció la morfina hasta 1910. No se prohibió su uso en EEUU hasta 1924. El resto lo conocemos todos….

Felix Hoffmann pudo de todas formas pasar a la historia por algo muy beneficioso, tanto o más como negativa fue la heroína: fue esencial en el desarrollo de un fármaco revolucionario, que se sigue usando y salva millones de vidas: el ácido acetilsalicílico o aspirina.

¡Dadme algo más que placebo!

Tengo una terrible migraña. Pido a mi hermano un analgésico y éste para gastarme una broma me da un caramelo de anís que da el pego. Cinco minutos después de tomármelo la migraña ha mejorado claramente: os presento al efecto placebo. Parece una anécdota pero el efecto placebo ha dado de comer a millones de personas que han comerciado con remedios basados en él a lo largo de miles de años, y consume gran energía y dinero en investigación científica para averiguar si un medicamento aporta algo más que este efecto. El hecho es que si tienes un síntoma molesto y consumes un remedio en el que crees, con frecuencia mejoras.

¿Qué diferencia a la medicina científica de otras formas de medicina? Se exige que un tratamiento aporte más que el efecto placebo. Imaginaos que nos planteamos tratar la migraña con jalea real. Damos jalea real a 50 personas con migraña y vemos que 15 mejoran (30%). Paso seguido montamos un negocio por internet de venta de jalea real para migrañosos. ¿La jalea real cura la migraña o se trata del efecto placebo? La jalea real es un producto natural, de nombre atractivo, sin efectos secundarios. Al fin y al cabo es el alimento de la reina de la colmena, tiene que ser bueno por narices. La ciencia ha desarrollado un método para saber si un tratamiento aporta más que el efecto placebo. Se llama “ensayo clínico” y funciona a grandes rasgos comparando dos grupos: el que toma el medicamento en cuestión y un grupo que no lo toma y se comprueba si hay diferencias. El mayor refinamiento de estos estudios, el que mayor información aporta sobre el efecto placebo es el ensayo clínico “doble ciego”. En este tipo de estudios ni el paciente ni el médico que evalúa la mejoría saben quién toma el medicamento a estudio y quien no lo toma. Así para saber si la jalea real mejora la migraña haremos lo siguiente: conseguiremos cápsulas del mismo aspecto. En la mitad de ellas pondremos jalea real y en la otra mitad cualquier sustancia que no tenga ningún efecto en las migrañas (por ejemplo sacarina). A cada paciente le daremos una cápsula, pero no sabrán si es jalea o sacarina; tampoco el médico que evaluará si el dolor ha mejorado o no. Al final, para analizar los datos, yo que tengo apuntado qué recibió cada uno veré cuántos pacientes mejoraron con jalea y cuántos con sacarina. Si el porcentaje es similar (ambos cerca del 30% por ejemplo), la mejoría se debió al efecto placebo.  Si por el contrario mejoran el 30% de los que consumen jalea y el 5% de los que toman sacarina, la jalea será realmente efectiva para la migraña, más allá del efecto placebo. Se necesitan técnicas estadísticas complejas para manejar los datos, pero esa es otra historia.

Ahora pensemos en las medicinas alternativas y mágicas. Un curandero unta de melaza y aceite de romero nuestro cuero cabelludo (que queda asaz pringoso) para curar la migraña. Aquellos que mejoren con ese tratamiento se convertirán en adeptos, acólitos del curandero; publicitarán sus virtudes y renegarán de fármacos y remedios científicos, pero… ¿aporta algo más que el efecto placebo? No me imagino un ensayo clínico que compare un curandero de verdad con un actor pero serviría. Obviamente no creo que el curandero se meta en ese berenjenal. Pulseras que modulan la energía del cuerpo, homeopatía, medicina tradicional de otras culturas, productos milagro adelgazantes, remedios basados en hierbas, chamanes, tratamientos contra el cáncer basados en las teorías de un médico concreto al que las grandes farmacéuticas boicotean por motivos económicos, meigas, aparatos que vibrando hacen que tus músculos se fortalezcan  y un largo etcétera…. ¿aportáis algo más que el efecto placebo?

En resumen la eficacia real de un tratamiento no puede basarse en el boca a boca debido a que existe el efecto placebo. Gran parte de medicinas alternativas se aprovechan del efecto placebo: mejorar en el contexto de la sugestión. Solo el ensayo clínico permite conocer la eficacia real de un remedio.